Otro Mariatchi

DIAS DE DICIEMBRE

Jueves 17.12.2009


Son las 06:30 de  una mañana de primeros de diciembre en la montaña.
        El cielo está negro; más negro que el negro Abdul, que es el negro mas negro que conozco, mas negro que un grillo negro. El viento sopla incansable entre  los árboles y grita aullando: “métete en casa gilipollas”. El frío reforzado por la noche y el viento también grita, “quédate en casa gilipollas”, y en ese momento el gilipollas (yo) abro la puerta y salgo al campo.
         Arranco un coche al que no le funciona la calefacción y me dirijo al cruce donde he quedado con gente de un grupo ecologista para plantar  cereales que nacerán en  primavera y servirán de alimento a las perdices jóvenes y  a los conejos, además de a otros animales. En el trayecto sueño que los ecologistas se comportarán como seres civilizados y primero iremos a almorzar a un restaurante cercano y después de una buena comida, y reconciliados con las circunstancias climatológicas, nos dirigiremos a realizar el trabajo
            Nada; son del pueblo y se comportan como si las perdices que tendrán que nacer en primavera comieran mañana y hay mucha prisa. Monte arriba con un nescafé y leche condesada, y al tajo. Prometen una buena comida al terminar.

            Gente joven de la zona con maquinaria adecuada y conocimiento de su manejo. Tractores, palas mecánicas, motosierras, permiso de los propietarios de la finca  y el gilipollas (yo)
           Se  jode la cámara fotográfica; no acabamos al mediodía, tenemos que bajar al pueblo y después de una buena comida, vuelta al monte hasta acabar el trabajo y anocheciendo (18:00 horas), mientras tomo una cerveza con ellos, hablamos del próximo proyecto en el que también estarán ellos, y de una forma directa o indirecta todos vosotros.

            Ya por la noche, en el único bar del pueblo, hablamos de la faena, de futuros proyectos, de las pequeñas realidades que funcionan (una granja voladero de perdices), de ecología, de caza, y, como no, también del  Barsa, pero, sobre todo y en este caso, de perdices. Las plumas del cuello son preciosas, les he pedido algunas para hacer regalos y me prometen 3 perdices vivas.

            Una cubeta grande de plástico llena de jabalí cocinado que le habían prometido a La Pegatina hace meses en su concierto me acompaña a Barna. En el viaje mientras escucho música pienso en los diferentes mundos que hay en este mundo, tan cerca unos de otros y a la vez tan lejos.

 

Resumen: La Pegatina no vino a por el jabalí y la gente del Mariatchi  y algunos clientes y amigos se han pegado una comilona. Todos dicen que estaba buenísimo (hasta las dos japos que se apuntaron).

 

Ya subiré las fotos cuando las haga

 

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